Hay una pantalla que se levanta y un grito que no es de miedo sino de alivio, y luego viene el miedo de verdad. Ghostface, la máscara de "Scream" (1996), nació como parodia del terror de los ochenta y acabó definiendo el terror de fin de siglo: un rostro blanco, alargado, con la boca abierta en un grito perpetuo y dos ojos que no miran a ninguna parte. Nunca se le ve la cara verdadera, y por eso su imagen lleva casi treinta años apareciendo en cada final de plano en el que alguien teme a su vecino.
Esta figura recoge a Ghostface en formato chibi: doce centímetros de la máscara más reconocible del terror moderno, listos para la vitrina, el escritorio o la estantería de cualquier coleccionista del género. Es una pieza pensada también como regalo para fans de "Scream", del terror de los noventa y de esa silueta encapuchada que aparece siempre justo cuando el plano decide que ya puedes respirar.
Está pensada para coleccionistas de figuras y de terror, para fans de "Scream" y para quienes recuerdan la serie con la precisión de quien la vio demasiadas veces de noche. En una vitrina o junto al resto de tu colección, funciona como recordatorio de que el miedo clásico no ha desaparecido: solo se ha escondido detrás de una máscara.
▸ El grito eterno, en formato coleccionable.