Hay noches en las que el cine de terror se instala dentro de la habitación: siluetas al otro lado de la puerta, un sombrero de fieltro que no pertenece a nadie y unas cuchillas que asoman por unos dedos. Pesadilla en la calle Elm convirtió ese miedo en mito, y Freddy Krueger, el Quemador de Niños que ataca en sueños, sigue siendo el rostro más reconocible del terror ochentero y uno de los grandes iconos de la cultura del horror.
Esta figura chibi de Freddy Krueger recoge ese mito en formato coleccionable: una pieza pequeña, de 14 cm de alto, que lleva al Quemador de Niños al escritorio, a la estantería o a la vitrina de una colección de terror. Es una reinterpretación del personaje, pensada para fans de la franquicia, para las películas ochententas que marcaron la infancia y para esos gritos que todavía cortan a todo el que se atreve a dormir.
Es una figura pensada para coleccionistas, para decorar escritorios, vitrinas y estanterías, y para regalar a quien creció con Pesadilla en la calle Elm y todavía recuerda los gritos de la película original. Un objeto para la colección, un detalle de escritorio con carácter y un homenaje al mito del terror de los ochenta.
▸ El terror de los 80, en formato coleccionable.